7 de marzo de 2012

UNA MIRADA AL EXTERIOR

EPÍLOGO

UNA MIRADA AL EXTERIOR

 En Una Empresa Inacabada hallamos las claves que pueden conducirnos a una nueva forma de entender las relaciones en el seno de la sociedad, preconizando el desarrollo de pautas y comportamientos que han de impulsar el avance y el progreso en una sociedad en convivencia. Uno de los criterios que baraja nuestro autor es la esencialidad del cambio y la transformación empleando el empuje y la energía de la originalidad, la creatividad, la calidad y la entrega compartida; frente al individualismo, la indiferencia de la rutina y el desánimo decadente.

Subirse a la cresta de la ola y agarrar con vigor el timón de una revisión histórica, en cierta forma nueva, que surge de la introspección de nuestro legado, no deja de ser una operación pendiente. Carlos Samaniego trata de desvelar el trasfondo histórico y psicológico que nos ha hecho negar sistemáticamente la trabazón de nuestro pasado con una civilización pujante y emergente en lo social y en lo religioso, como es el caso de Al-Andalus. De ese largo y significativo episodio de nuestra propia historia pretende concebir e implementar un modelo de interacción y organización entre tradiciones y culturas engastadas en el faro de diversidad.

Desde esa perspectiva, se acuña el término “Triculturalidad” en referencia a las principales identidades religiosas monoteístas, de cuya progresión y traslación histórica dan testimonio nuestros pueblos y ciudades. Este apartado histórico, sirve para ilustrar algunas consideraciones, a la luz del análisis de los modelos psicosociales y del estado de los Recursos Humanos en la actualidad vigente. De ahí el afán que despliega por fusionar aportaciones culturales que han surgido a lo largo de la historia, en busca de una convergencia social favorable. Se trataría de aunar potencialidades y experiencias históricas diferentes para fomentar el cambio de paradigma en esta nueva época de desarrollo tecnológico, empresarial y financiero.

Estamos hablando de reactivar las relaciones entre la península ibérica y el Magreb, apoyándonos en un reflejo histórico común, que nos ayude a comprender la compleja identidad de los pueblos ibéricos, para detectar las claves que reactiven dos polos magnéticos, en intrínseca atracción, que siempre existieron. Para ello, hay que generar una nueva conciencia y un nuevo dinamismo intercultural y económico. Una oportunidad de oro descansa en los sectores productivos: empresas y mercados, que convenientemente catalizados desde el tamiz de la interacción vital, y, sin desatender los valores y señuelos de la multiculturalidad y el pluralismo, podrían conducir a una mayor cohesión y aprovechamiento de los Recursos Humanos, ajustando las necesidades de trabajadores y empresarios en el marco de unas leyes que proclaman y promulgan la igualdad y la equidad, tanto en el trato directo y personal, como en el profesional o laboral.

Imprescindible es, en este entramado de influencias, interacciones y lazos mutuos, emprender un recorrido, tal y como hace nuestro autor, por los acontecimientos y fenómenos decisivos de la historia compartida entre España y Marruecos. Conocer los detalles y las particularidades de estos dos conjuntos de pueblos, contribuye a dilucidar muchos aspectos del presente aun sin resolver, vitales para alcanzar índices más elevados de integración, desarrollo, justicia y libertad.

Resulta fundamental que, en la esfera de las relaciones laborales transversales, se apliquen pautas de comportamiento, establecidas de común acuerdo, para evitar fricciones que desencadenen recelos y crispación en los espacios de trabajo. Y digo esto, porque el sentir general en este contexto no es precisamente positivo ni productivo, sino todo lo contrario. Por tanto, tal y como hemos ido descubriendo en muchos rincones de este libro, la exteriorización natural, sosegada y liberadora de los puntos de vista de las distintas sensibilidades de los colectivos y grupos que integran la empresa, contribuirá, inevitablemente, a una mayor armonía y a un mayor índice de afinidad y compatibilidad de las personas en la consecución de proyectos comunes. Y de esta manera, se mejorará el desarrollo sostenible y el progreso, tanto en el seno de las empresas como en las instituciones públicas y las organizaciones sociales.

Huelga decir que los principales desafíos que afrontamos en la actualidad son más internos que externos: ¿seguiremos mejorando la redistribución económica?, ¿acabaremos con el fantasma de la confrontación interna?, ¿potenciaremos el capital intelectual hasta el límite de nuestras posibilidades? A lo largo de la obra hemos visto cómo éstas y otras preguntas se han planteado con inquietud, y, a la vez, con esperanza.

Una compresión más universalista y enriquecedora de los intercambios sociolaborales, fomentando la multiculturalidad en las empresas y respetando más a los otros, podrían ser algunas de las conclusiones que nuestro pasado tricultural nos ofrece. Por- que si en el pasado el encuentro entre musulmanes, cristianos y judíos dio espléndidos frutos en todos los campos a lo largo de más de un siglo, nada se opone a que emprendamos nuevos proyectos que incluyan la diversidad étnica y cultural como pilares de partida. Nada, excepto nuestras propias creencias. Y con reflexiones como ésta, nos aproximamos a la sensibilidad desde la que se sitúa el autor para hacer este audaz y transparente análisis.

No se deja escapar en este ensayo, asimismo, la ocasión de cuestionar ciertos hábitos de consumo, profundamente arraigados, relacionados con la alimentación en centros de trabajo y en entornos festivos, cuyos intereses reclaman una revisión por parte de los españoles. El tratamiento crítico y la valoración que hace Carlos Samaniego inciden particularmente en factores como la calidad y el servicio, así como en el impacto que tiene una falta de consciencia en nuestras prácticas sociolaborales y socioalimentarias. Y también hace un especial hincapié en el valor que entraña el apoyo mutuo y el compañerismo entre directivos y trabajadores, e insta a todos ellos a comprobar los maravillosos resultados que esas conductas proporcionan. Medidas como estas, parecen contribuir a la humanización de la vida de la empresa y son la síntesis de una estrategia organizativa más inteligente e innovadora.

Desde la multiculturalidad hoy se piensa que todas las personas tienen derecho a gozar de su propia cultura, a identificarse con las diferencias que de ella se derivan y a que se les respete como seres humanos libres e iguales en derechos. La libertad, entendida de este modo, reconoce que la diversidad es un valor que debe cuidarse, porque las culturas no son en sí mismas ni superiores ni inferiores con respecto a otras. Todas y cada una de ellas tienen componentes positivos y negativos, y todas aportan algún tipo de riqueza a la sabiduría humana global. Las diferencias aportan puntos de vista nuevos, sensibilidades complementarias y habilidades desconocidas que se pueden emplear.

Y de esa diversidad y de esos contrastes pueden surgir originales aplicaciones, si se saben conectar debidamente. Todo lo contrario del discurso tradicional, que ha excluido sistemáticamente al “otro” y al “diferente”, ya que solo era posible una única verdad.

Mansur Escudero.
Presidente de la Junta Islámica de España.
Almodóvar del Río (Córdoba), abril 2008

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