7 de abril de 2012

EL CATEDRATICO DE LAS UNIVERSIDADES DE MADRID-PRINCETON: AMERICO CASTRO QUESADA

 

 Américo hacia 1930

 

Américo Castro Quesada nació en Cantagalo (Brasil) en 1885 y falleció en Playa de Aro (España) en 1974. Es el autor de una de las más importantes interpretaciones sobre la Historia de España: La Triculturalidad.  
Con 5 años llega a Huetor Tájar (Granada), donde sus padres se instalan tras la vuelta de Brasil. En 1904, se licencia en Letras y Derecho en la Universidad de Granada y seguidamente se traslada a Paris a estudiar en la Sorbona entre 1905 y 1907, residiendo un tiempo en Alemania.
Al quedar huérfano vuelve a Madrid para hacer el Servicio Militar, vinculándose a Ramón Menéndez Pidal y a la Institución Libre de Enseñanza. Comienza a dar clases en la Universidad Central de Madrid y simultáneamente investiga en el Centro de Estudios Históricos, donde en 1910 se convierte en jefe del departamento de Lexicografía.
En 1911 obtiene el Doctorado con la tesis “Contribución al estudio del dialecto leonés en Zamora” y en 1915 ya es Catedrático de Filología Castellana / Historia de la Lengua Española. En aquellos años lo describen como popular, serio y pulcro. Luce barba y se empieza a conocer su gran capacidad de trabajo y su habilidad para polemizar. Iniciaba sus clases con la expresión “Resulta que…”. 
De fuerte vocación liberal e ideas krausistas se incorpora al Partido Reformista. Es amigo del pintor Sorolla y de Juan Ramón Jiménez, entre otras grandes figuras de la época. En 1913 publica el “Romancerillo del Plata” en la revista bonaerense Nosotros y se adhiere al Manifiesto de Ortega y Gasset, que intentaba superar el pesimismo noventayochista. 
En 1918 publica “La pasiva refleja en español” y en 1919 “El movimiento científico en la España actual”, en la revista Hispania de Palo Alto (California, EE.UU.). 
En 1923 visita Argentina, donde dirige y funda el Instituto de Filología en la Universidad de Buenos Aires. En Chile imparte conferencias sobre Lope de Vega y Cervantes.
En 1924 es profesor visitante en la Columbia University de New York (EE.UU.), impartiendo un curso sobre Literatura Hispana. En ese año regresa a España antes de lo previsto a causa del incidente de Unamuno con la Dictadura de Primo de Rivera. 
A partir de 1924 publica regularmente en La Nación de Buenos Aires. Su interés por el erasmismo le lleva a escribir varias obras importantes como “El pensamiento de Cervantes” que publica en 1925, en la que analiza la relación de Cervantes con el Renacimiento y con la rama humanista que crea Erasmo de Rotterdam. 
En 1926, durante la dictadura del general Primo de Rivera, fue el inspirador de la Junta de Relaciones Culturales, que en 1931 se convertiría en el órgano de política de expansión cultural europea de la II República española. 
En 1928 Américo vuelve a América para impartir cursos y conferencias en México, Puerto Rico y Cuba. Organiza encuentros culturales, dicta lecciones magistrales y se prodiga en diversas actividades. Su influencia por aquellos años es grande, tanto por su intensa actividad docente y divulgadora, como por su incesante actividad periodística. 
A partir de 1929 publica regularmente en El Excelsior de México. Desde 1931 hasta mediados de 1932 es Embajador de España en Alemania, representando a la joven República en Berlín. 
Entonces inicia su actividad como gran propagador de lo Hispánico por todo el mundo, organizando perfiles culturales y multitud de actividades de difusión. En el Centro de Estudios Históricos crea la Sección de Estudios Hispanoamericanos y funda la revista “Tierra Firme”, que publicaría 7 números hasta 1938, disolviéndose a causa de la guerra. Al comienzo de la Guerra Civil española (1936-1939) fue nombrado Cónsul en Hendaya, desde donde salvó a buena parte del cuerpo diplomático, mientras San Sebastián era bombardeada. 
En una de las noticias se informa de su fusilamiento en San Sebastián. Tenía entonces 51 años. Viaja después a Buenos Aires y al caducar su pasaporte solicita la nacionalidad brasileña, iniciando su actividad docente en el continente americano como Catedrático de Filología. 
Comenzó a impartir clases en la universidad de Buenos Aires, en 1936. Entre 1937-1939 es profesor en la universidad de Wisconsin. Entre 1939-40 es profesor en la universidad de Austin (Texas). En 1942-43 obtiene la nacionalidad estadounidense, que mantendrá hasta su muerte. 
Desde 1942 y hasta 1955 fue profesor de la universidad de Princeton (New Yersey) hasta su jubilación forzosa. Ocupó la Cátedra de Lengua y Literatura Española Emory L. Ford, creando una importante escuela de Hispanistas. 
En 1953 escribe para el Diario Nacional de Caracas (Venezuela) y es nombrado Profesor Emérito en Princeton. Tras su jubilación, dio clases en la naciente Universidad de Houston como Profesor Extraordinario y también en la Universidad de California Los Ángeles (San Diego), donde se conserva una parte de su biblioteca.
En 1968 regresa a España a causa de la enfermedad de su mujer Carmen Medinavieta. Falleció en Playa de Aro (Gerona) el 25/7/74, mientras se bañaba en el Mediterráneo. Durante su prolongado exilio en América se mantuvo siempre muy apartado de los españoles (exilio dentro del exilio). Se interesó por el lenguaje de Argentina, por los estudios históricos y por las comparativas entre culturas américo-anglosajonas y latinoamericanas. 
Sus descubrimientos más importantes los realiza en la Universidad de Princeton, si bien publica sus obras en español en la editorial Losada de Buenos Aires. Se le considera un experto en literatura española del Siglo de Oro, pero su gran obsesión intelectual fue “el problema de España” en relación a la identidad y a la vivencia nacional, como estas palabras suyas escritas poco antes de morir ponen de manifiesto en toda su crudeza: 
“Como y porque se hizo tan dura y tan áspera la convivencia entre españoles, cual es el motivo de haberse hecho endémica entre nosotros la necesidad de arrojar del país, o de exterminar, a quienes disienten de lo creído y querido por los mas poderosos”. 
Estudió los aspectos sociales de la segregación en la literatura española y sus consecuencias en los judeconversos y los marranos. Durante el largo periodo en el que se produce lo que denomina la “convivencia conflictiva” de las tres castas de cristianos, musulmanes y judíos en la Península, es cuando cristaliza la identidad colectiva de los españoles, jugando la religión un papel central en este proceso. 
La guerra civil de 1936-39 fue según el una lucha entre la vieja religiosidad hispana y una nueva religiosidad vaga y nebulosa, a partir del “me da la gana” y un proyecto utópico de felicidad universal. Desarrolla dos categorías para interpretar la historia de las ideas en España: 
La morada vital.- Es vivir ante un cierto horizonte de posibilidades y obstáculos concretos.
La vividura.- Es la conciencia subjetiva con respecto a la morada vital. El modo como los hombres manejan su vida en esa morada. 
En 1492 termina la Edad Media, se dicta el Decreto de Expulsión de los Sefardíes y se descubren nuevas tierras al otro lado de la mar Oceana. Y en ese momento entra en escena una cuarta casta representada por los pueblos indígenas de América, de los que Castro se ocupará poco a pesar de su larga estancia en el continente Americano, pero es crítico con la expulsión judía, como demuestran estas palabras suyas “… con los judíos se fue el espíritu internacionalista, de cultura amplia y sutil”. 
Cuando el historiador Sánchez Albornoz publicó su libro “España, un enigma histórico” en 1956, el debate sobre el pasado histórico de España llega a su cima en lo que se conoce como el debate sobre el Ser de España, si bien en ese momento Castro ya ha concluido su actividad docente e investigadora principal y su obra está terminada. Américo Castro, al igual que otros intelectuales que se negaron a participar en la guerra civil se les considera el grupo de la “Tercera España”.

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