- Necesitamos hacer un cambio de estilo y aceptar nuestra identidad histórico-cultural, más allá de las tradicionales formas que hemos usado para describirnos.
- Hay que reestructurar las empresas en profundidad. El aprovechamiento de las capacidades de las personas es una asignatura pendiente. Las organizaciones laborales no son “inteligentes”.
- Américo Castro entendió nuestro ser nacional como la conjunción de judíos, moros y cristianos. El siglo XVI fue la expresión y el triunfo de este encuentro a tres, en un mismo tronco común ibérico.
- En España no queremos coordinarnos, no queremos trabajar en equipo y nos comportamos como si siguiéramos pasando el hambre de la postguerra. No abandonamos nuestros arraigados hábitos.
- En 1391 se plantó un árbol de infamia que hemos pretendido olvidar como si nunca hubiera ocurrido en nuestra historia, pero hemos de mirarlo de frente y hablar con él.
- ¿Qué clase de organizaciones tenemos? ¿Estamos conformes con
ellas? Si nos da lo mismo tres que trescientos ¿Qué podemos esperar
de una sociedad sin conciencia
- Hemos querido olvidar nuestras raíces de sangre con el gran sur y el sur vuelve a por nosotros constantemente a preguntarnos quiénes somos y cuál es nuestro destino.
- Somos una sociedad que envidia el talento y que adora la tradición. Nuestros mejores cerebros emigran sin que seamos capaces de detener esta sangría que nos descapitaliza permanentemente.







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