"No mires la vida tal como es, sino como debería ser." Cervantes
EPÍLOGO
UNA MIRADA AL EXTERIOR
En Una Empresa Inacabada hallamos las claves que pueden conducirnos a
una nueva forma de entender las relaciones en el seno de la sociedad,
preconizando el desarrollo de pautas y comportamientos que han de impulsar el
avance y el progreso en una sociedad en convivencia. Uno de los criterios que
baraja nuestro autor es la esencialidad del cambio y la transformación
empleando el empuje y la energía de la originalidad, la creatividad, la calidad
y la entrega compartida; frente al individualismo, la indiferencia de la rutina
y el desánimo decadente.
Subirse a la cresta de la ola y
agarrar con vigor el timón de una revisión histórica, en cierta forma nueva,
que surge de la introspección de nuestro legado, no deja de ser una operación
pendiente. Carlos Samaniego trata de desvelar el trasfondo histórico y psicológico
que nos ha hecho negar sistemáticamente la trabazón de nuestro pasado con una
civilización pujante y emergente en lo social y en lo religioso, como es el
caso de Al-Andalus. De ese largo y
significativo episodio de nuestra propia historia pretende concebir e
implementar un modelo de interacción y organización entre tradiciones y
culturas engastadas en el faro de diversidad.
Desde esa perspectiva, se acuña
el término “Triculturalidad” en referencia a las principales identidades
religiosas monoteístas, de cuya progresión y traslación histórica dan
testimonio nuestros pueblos y ciudades. Este apartado histórico, sirve para ilustrar
algunas consideraciones, a la luz del análisis de los modelos psicosociales y del
estado de los Recursos Humanos en la actualidad vigente. De ahí el afán que
despliega por fusionar aportaciones culturales que han surgido a lo largo de la
historia, en busca de una convergencia social favorable. Se trataría de aunar
potencialidades y experiencias históricas diferentes para fomentar el cambio de
paradigma en esta nueva época de desarrollo
tecnológico, empresarial y financiero.
Estamos hablando de reactivar
las relaciones entre la península ibérica y el Magreb, apoyándonos en un
reflejo histórico común, que nos ayude a comprender la compleja identidad de
los pueblos ibéricos, para detectar las claves que reactiven dos polos
magnéticos, en intrínseca atracción, que siempre existieron. Para ello, hay que
generar una nueva conciencia y un nuevo dinamismo intercultural y económico.
Una oportunidad de oro descansa en los sectores productivos: empresas y
mercados, que convenientemente catalizados desde el tamiz de la interacción
vital, y, sin desatender los valores y señuelos de la multiculturalidad y el
pluralismo, podrían conducir a una mayor cohesión y aprovechamiento de los Recursos
Humanos, ajustando las necesidades de trabajadores y empresarios en el marco de
unas leyes que proclaman y promulgan la igualdad y la equidad, tanto en el
trato directo y personal, como en el profesional o laboral.
Imprescindible
es, en este entramado de influencias, interacciones y lazos mutuos, emprender
un recorrido, tal y como hace nuestro autor, por los acontecimientos y
fenómenos decisivos de la historia compartida entre España y Marruecos. Conocer
los detalles y las particularidades de estos dos conjuntos de pueblos, contribuye a dilucidar muchos aspectos del
presente aun sin resolver, vitales para alcanzar índices más elevados de
integración, desarrollo, justicia y libertad.
Resulta fundamental que, en la
esfera de las relaciones laborales transversales, se apliquen pautas de
comportamiento, establecidas de común acuerdo, para evitar fricciones que
desencadenen recelos y crispación en los espacios de trabajo. Y digo esto, porque
el sentir general en este contexto no es precisamente positivo ni productivo,
sino todo lo contrario. Por tanto, tal y como hemos ido descubriendo en muchos
rincones de este libro, la exteriorización natural, sosegada y liberadora de los
puntos de vista de las distintas sensibilidades de los colectivos y grupos que
integran la empresa, contribuirá, inevitablemente, a una mayor armonía y a un mayor
índice de afinidad y compatibilidad de las personas en la consecución de
proyectos comunes. Y de esta manera, se mejorará el desarrollo sostenible y el
progreso, tanto en el seno de las empresas como en las instituciones públicas y
las organizaciones sociales.
Huelga decir que los
principales desafíos que afrontamos en la actualidad son más internos que
externos: ¿seguiremos mejorando la redistribución económica?, ¿acabaremos con
el fantasma de la confrontación interna?, ¿potenciaremos el capital intelectual
hasta el límite de nuestras posibilidades? A lo largo de la obra hemos visto
cómo éstas y otras preguntas se han planteado con inquietud, y, a la vez, con esperanza.
Una compresión más
universalista y enriquecedora de los intercambios sociolaborales, fomentando la
multiculturalidad en las empresas y respetando más a los otros, podrían ser
algunas de las conclusiones que nuestro pasado tricultural nos ofrece. Por- que si en el pasado el encuentro entre
musulmanes, cristianos y judíos dio espléndidos frutos en todos los campos a lo
largo de más de un siglo, nada se opone a que emprendamos nuevos proyectos que
incluyan la diversidad étnica y cultural como pilares de partida. Nada, excepto
nuestras propias creencias. Y con reflexiones como ésta, nos aproximamos a la
sensibilidad desde la que se sitúa el autor para hacer este audaz y
transparente análisis.
No se deja escapar en este
ensayo, asimismo, la ocasión de cuestionar ciertos hábitos de consumo,
profundamente arraigados, relacionados con la alimentación en centros de
trabajo y en entornos festivos, cuyos intereses reclaman una revisión por parte
de los españoles. El tratamiento crítico y la valoración que hace Carlos
Samaniego inciden particularmente en factores como la calidad y el servicio,
así como en el impacto que tiene una falta de consciencia en nuestras prácticas
sociolaborales y socioalimentarias. Y también hace un especial hincapié en el
valor que entraña el apoyo mutuo y el compañerismo entre directivos y
trabajadores, e insta a todos ellos a comprobar los maravillosos resultados que
esas conductas proporcionan. Medidas como estas, parecen contribuir a la
humanización de la vida de la empresa y son la síntesis de una estrategia organizativa
más inteligente e innovadora.
Desde la multiculturalidad hoy
se piensa que todas las personas tienen derecho a gozar de su propia cultura, a
identificarse con las diferencias que de ella se derivan y a que se les respete
como seres humanos libres e iguales en derechos. La libertad, entendida de este
modo, reconoce que la diversidad es un valor que debe cuidarse, porque las
culturas no son en sí mismas ni superiores ni inferiores con respecto a otras.
Todas y cada una de ellas tienen componentes positivos y negativos, y todas
aportan algún tipo de riqueza a la sabiduría humana global. Las diferencias aportan
puntos de vista nuevos, sensibilidades complementarias y habilidades
desconocidas que se pueden emplear.
Y de esa diversidad y de esos
contrastes pueden surgir originales aplicaciones, si se saben conectar
debidamente. Todo lo contrario del discurso tradicional, que ha excluido
sistemáticamente al “otro” y al “diferente”, ya que solo era posible una única
verdad.
Mansur Escudero.
Presidente de la Junta Islámica de España.
Almodóvar del Río (Córdoba), abril 2008
"El peor de los errores es hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos". Einstein
“La gente suele percibir a la persona en el contexto de trabajo de una manera más negativa que positiva, pues habitualmente se acepta que la empresa es una zona semisalvaje, en la que se va al trabajo principalmente a sufrir y a defenderse de otros depredadores -reales o imaginarios- que operan libremente en ese ambiente. Y de tanto hablar de la negatividad que impera en las relaciones laborales, fruto de una naturaleza humana, supuestamente, egoísta y primitiva, terminamos creyendo que, en efecto, la envidia es la única estrategia de la que disponemos para sobrevivir. Y una vez que la envidia adquiere carta de naturaleza en el imaginario social de una organización, su ejercicio pasa a convertirse en un pasatiempo "distinguido", llegando a convertirse para muchos en una actividad que aglutina aficionados como los toros y el fútbol; pero practicada con la debida discreción y sutilidad. (pp. 187-188)
Cuando se llega de noche a Almería por barco o por la carretera de poniente, la Alcazaba iluminada sobrevuela la vieja ciudad medieval, creando una imagen fascinante. Los sobrios muros de la Alcazaba recuerdan los de Granada y otras construcciones defensivas árabes repartidas por la península. Pero en Almería, la combinación de piedra, sol y mar, produce un embrujo y una luz inolvidables. No en vano la levantaron los mismos albañiles del califato de Córdoba, cuando su flota amarraba en el Puerto de Almería. (p. 172)
Lo español, sería, desde esta óptica, el resultado de las armonías y desajustes en la convivencia entre las tres castas de creyentes. De forma que no será posible entendernos como pueblo si no reconocemos este "encuentro" que tuvo lugar en un pasado, cercano y lejano a la vez, entre las tres religiones del "Libro", que se corresponden con Hispania, Al-Andalus y Sefarad. Tres culturas que florecen y se asientan en un espacio geográfico común, con visiones -a veces contrapuestas- sobre la existencia humana, la sociedad y el trabajo; y que hasta ayer por la tarde eran una realidad palpable en los campos, los talleres y los barrios de nuestros pueblos y ciudades. (p. 52)
Un caso llama poderosamente nuestra atención, porque siendo el acusado inocente no consiguió la libertad, a pesar de ser Arzobispo, exconfesor de la Reina María Tudor de Inglaterra y depender directamente del Papa de Roma. Se trata del Proceso Carranza. (p.96)
Cuando alguien alude a la "deuda histórica" heredada de nuestros antepasados para con musulmanes y judíos, automáticamente la negamos sin pestañear. Así nos han enseñado a responder. Luego disfrazamos nuestro racismo e intolerancia con tópicos más o menos bienintencionados, alegando que nuestro pueblo es el resultado de muchas civilizaciones que han pasado por aquí. Pero los demonios familiares siguen ahí y nos llevan una y otra vez a envidiar y a negar al otro, como en los viejos tiempos, solo porque es diferente. Nos sigue costando respetar a los demás, porque la "sospecha" es omnipresente en nuestro universo cultural, como si el tiempo se hubiera detenido y viviéramos para siempre en el hechizo de la fascinación inquisitorial, que nos prohíbe mirar, reconocer, tolerar yperdonar a nuestros competidores, y mucho menos alegrarnos de sus éxitos, como si fueran los nuestros propios. (p. 98)
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